La mayoría de los vinos que se estropean en casa no lo hacen por falta de una bodega climatizada. Lo hacen por estar dos años encima del frigorífico.
La temperatura estable importa más que la temperatura exacta
Lo ideal ronda los 12–14 °C, pero pocos tenemos ese lujo. La buena noticia es que la estabilidad pesa más que el número. Un armario constante a 18 °C conserva mejor que un sitio que oscila entre 10 y 25 según la estación.
Cada subida y bajada dilata y contrae el vino dentro de la botella, y eso fuerza el tapón.
Tumbada, siempre que haya corcho
Con el vino en contacto con el corcho, el tapón se mantiene húmedo y sigue sellando. Un corcho seco se encoge, deja entrar aire y oxida el vino.
Si la botella lleva tapón de rosca, la posición da igual.
Luz y vibración
Los dos enemigos silenciosos:
- La luz —sobre todo la solar directa— degrada el vino y provoca aromas desagradables. Es la razón del vidrio oscuro.
- La vibración de un motor cercano remueve los sedimentos de forma constante e impide que el vino repose.
Traducido: ni encima de la nevera, ni al lado de la lavadora, ni en una estantería que reciba sol de tarde.
Cuánto tiempo puedes esperar
No todos los vinos mejoran guardados. La mayoría de blancos jóvenes y rosados están en su mejor momento el primer año. Los tintos con estructura son otra historia, y ahí sí compensa la paciencia.
Guardar un vino joven esperando que mejore es la forma más común de perder una botella buena.
Y una vez abierta
Vuelve a taparla y métela en la nevera, incluso si es tinto. Bien cerrada aguanta entre dos y tres días; a partir de ahí la oxidación se nota. Sácala un rato antes de servir para que recupere temperatura.